Qué hay detrás del éxito económico de Portugal que ha dejado al FMI con la ‘boca abierta’. (Vicente Nieves. El Economista.es )

El buen comportamiento de la economía de Portugal ha sorprendido a muchas instituciones. El país luso ha acabado prácticamente con el déficit, ha comenzado a reducir su deuda pública, la desigualdad económica está en mínimos de los últimos años y ha llevado la tasa de paro a niveles de 2004. Una combinación de varios factores (pasados y presentes, externos e internos) ha permitido que la economía de este pequeño país crezca a un paso sólido tras ser rescatado en 2011 y sufrir una severa crisis en 2012 y 2013. Además, Portugal ha cumplido con el Fondo Monetario Internacional devolviendo el rescate de forma anticipada, lo que probablemente también ha contribuido a que los halagos más intensos hayan llegado desde el organismo presidido por Christine Lagarde.

La semana pasada, David Lipton, número dos del FMI, concluyó un discurso en Lisboa asegurando que la recuperación económica de Portugal «es una lección para el resto de Europa, incluso para el mundo». No obstante, el propio Lipton destacó varios factores que han ayudado al país y que no sólo tienen que ver con las políticas del partido que está hoy en el poder.

Los datos hablan

Los datos hablan por sí solos: la tasa de paro ha pasado desde el 16% de 2013 hasta el 6,7% de hoy, el nivel más bajo desde 2004, incluyendo una fuerte caída del paro de larga duración y «una reducción impresionante del desempleo juvenil, que ya no está muy por encima de la media de la UE», asegura el miembro del FMI.

El déficit fiscal ha pasado desde el 11% del PIB en 2010 hasta el 0,5% de 2018, mientras que el balance primario (sin contar los intereses de la deuda) será el más alto desde 1992. Esta mejora en el desequilibrio en las cuentas públicas ha permitido que la deuda pública pase desde el 133% del PIB hasta el 124%, según los últimos datos disponibles de Eurostat.

El crecimiento económico lleva dos años consecutivos por encima del 2% mientras que el bono a 10 años está pagando una rentabilidad por debajo del 1,3% frente al 16% que llegó a tocar en los peores momentos de la crisis de deuda soberana en 2012.

Quién tiene la culpa del éxito

Como siempre, la victorias tienen cien padres y las derrotas son huérfanas. Gran parte del mérito de este éxito se lo ha auto-atribuido el Gobierno liderado por el socialista (que lleva en el poder desde 2015) António Costa, que esta semana sacaba pecho del dato de déficit. Las principales valoraciones estuvieron protagonizadas por el ministro de Finanzas, Mário Centeno, que ha incidido en el carácter «histórico» del 0,5% de 2018.

«Portugal tiene por primera vez desde la llegada de la democracia las cuentas equilibradas», ha subrayado el ministro, que ha dedicó alrededor de media hora a destacar algunos aspectos de la gestión económica del país desde 2015, cuando llegó al poder Costa.

Más pensiones y menos impuestos

Desde entonces, ha dicho, se han aplicado «políticas que con rigor devolvieron la confianza» en el país, que «consiguió en simultáneo cumplir los tratados que firmó, consolidar las cuentas públicas, estabilizar el sistema financiero y promover el apoyo a la inversión, devolviendo ingresos y orgullo a los portugueses».

«Es una conquista de esta legislatura», ha aseverado el ministro, orgulloso al hablar del «crecimiento inclusivo», que afirma se ha creado estos años en el país. «No recortamos pensiones, las subimos; no aumentamos impuestos, los bajamos; creamos y devolvimos ingresos», ha agregado. «Podemos decir hoy que sí, Portugal consiguió pasar la página de la austeridad y de las dudas», sentenció.

Las reformas del pasado

Aunque todo lo anterior es cierto, sin las reformas de los años más duros, sin el fuerte crecimiento que han experimentado sus principales socios comerciales y sin la política monetaria ultra-expansiva del BCE, quizá hoy no se hablaría de ese éxito.

La devaluación interna (moderación de salarios y beneficios distribuidos) que puso en marcha Pedro Passos Coelho, primer ministro de Portugal entre 2011 y 2015, probablemente, ha sido clave para el auge exportador que ha vivido Portugal. Desde el año 2010 hasta 2015 los costes laborales unitarios (mide el coste laboral por unidad producida) se redujeron año tras año. Estas arduas políticas han tenido sus frutos y las exportaciones se han disparado, pasando de representar el 29% del PIB en 2010 hasta el 43,6% en 2018, registrando los mayores incrementos durante los años del Gobierno de Passos Coelho. Este incremento ha permitido que los bienes y servicios de Portugal ganen cuota de mercado a nivel global, según datos de Eurostat.

A todo lo anterior ha contribuido el fuerte crecimiento económico en España y Alemania, dos de los tres grandes socios comerciales del país luso. A España van alrededor del 21% de las exportaciones portuguesas mientras que Alemania compra el 12%. Lipton, a pesar de hablar de la lección de Portugal, reconoce que «el resto de Europa ha sido esencial. Los cinco primeros mercados de las exportaciones de Portugal son de la UE, liderados por España, Alemania y Francia. El fuerte crecimiento de estos países puede proveer a países como Portugal un fuerte apoyo para que continúen su transformación», señala este economista.

Por ejemplo, las exportaciones a España se han disparado cerca de un 30% desde que comenzaron a reducirse los costes laborales unitarios, mientras que los bienes vendidos a Francia han aumentado un 26,5% desde entonces. Este fuerte incremento de la demanda externa (en parte gracias a las reformas pasadas y, en parte, gracias a la fortaleza exterior) ha impulsado las exportaciones a la par que el Gobierno socialista subía las pensiones y aprobaba otras medidas que han dado impulso a la demanda interna. Una combinación que ha permitido un crecimiento sólido sin generar desequilibrios externos, es más, Portugal mantiene un ligero superávit por cuenta corriente.

El ‘boom’ del turismo

También los ingresos por turismo han mostrado un crecimiento espectacular en los últimos años. La llegada de turistas alcanzó un nuevo récord en 2018 tras alcanzar los 12,8 millones de llegadas, mientras que el peso en el PIB de esta sector ha pasado del 13% de 2010 a superar el 17,3% con un crecimiento progresivo. El turismo y la llegada de extranjeros cualificados o con elevado patrimonio también ha impulsado el mercado inmobiliario del país.

¿Burbuja inmobiliaria en Portugal? El turismo y los extranjeros alimentan el boom

Este movimiento corresponde en parte a las visas oro (que otorgan la residencia a extranjeros a cambio de una inversión de medio millón de euros) y que, desde que entraron en vigor, en 2012, han dejado ingresos próximos a los 3.400 millones de euros, según la agencia Efe. Las desgravaciones fiscales para profesionales y jubilados han atraído a miles de extranjeros, en su mayoría europeos.

Sin duda, también han sido muy favorables la política monetaria del Banco Central Europeo, cuyo programa de compras de bonos ha reducido sustancialmente la partida dedicada al pago de los intereses en los presupuestos lusos. Además, un petróleo relativamente barato y su efecto sobre la balanza comercial y el poder de compra de los portugueses ha sido decisivo para reanimar el consumo interno y alcanza el equilibrio externo.

Toda esta combinación de factores, los pasados y los presentes, han sido clave para que Portugal disfrute hoy de unas cuentas públicas equilibradas, una tasa de paro históricamente baja y el nivel de desigualdad de la renta más bajo desde que Eurostat recoge estos datos. No obstante, los nubarrones que se atisban en el horizonte son los mismos a los que se enfrenta la Eurozona: desaceleración del crecimiento global y de la demanda externa.