Una ducha de belleza

Además de su importancia como medida higiénica general, una ducha activa y tonifica nuestra piel y organismo en general

La importancia de la ducha diaria, no solo como medida de higiene, sino también para activar la circulación sanguínea, tonificar los músculos y el sistema nervioso, es cada vez más valorada por especialistas en salud y bienestar.

En los últimos años han aparecido diferentes dispositivos que nos ayudan a mejorar la calidad de nuestra ducha mediante diferentes tipos de chorros, presión o regulación de temperatura. Las cabinas de ducha especiales y otras instalaciones nos invitan a vivir un momento de tranquilidad y relajación, siendo una de las mejores formas de comenzar el día.

Lo más frecuente es hacerlo con agua templada para evitar irritaciones en la piel o en el caso de los más experimentados, las famosas duchas escocesas que alternan agua fría y caliente.

El problema surge al usar distintos tipos de jabones y geles que perjudican, resecan y alteran el manto ácido natural de nuestra piel debido a su uso frecuente.

En estos casos, lo mejor es usar jabones y geles apropiados a nuestro tipo de piel, esponjas vegetales o guantes de crin que favorecen la exfoliación y tonificación y terminar el ritual cada mañana secando vigorosa y sistemáticamente de arriba hacia abajo con una toalla de algodón no demasiado suave.

En principio, una persona que viva en un ambiente limpio y lleve una vida sedentaria, no tiene porqué enjabonarse todo el cuerpo diariamente. Esto puede llegar a ser incluso perjudicial si tiene piel seca o delicada.

Una forma de mitigar en parte el daño ocasionado en la piel por el uso frecuente de geles y jabones, es imitar a Popea y sus famosos baños de leche. Esto en pleno siglo XXl se traduce en sustituir un par de veces por semana nuestro jabón por un yogur natural, enjuagando y secando luego la piel como lo hace habitualmente.

Artículo gentileza de Cristinatur